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jueves, 23 de noviembre de 2017

JOSE CARLOS MARIATEGUI

José Carlos Mariátegui

(José Carlos Mariátegui La Chira; Moquegua, 1894 - Lima, 1930) Ensayista peruano, uno de los pensadores más influyentes en el ámbito de la reflexión sobre la cultura y sociedad de su país. Destacado activista político, fue además el fundador del Partido Socialista Marxista Peruano.

José Carlos Mariátegui
Su madre, Amalia La Chira, se había casado con Javier Francisco Mariátegui en 1882, en el pueblo de Sayán, de donde ella era originaria. Poco después fue abandonada por su marido, quien la dejó a cargo de los tres hijos del matrimonio. Cuando la familia se instaló en Lima, José del Carmen Eliseo cambió su nombre por el de José Carlos. Durante una estancia en Huacho, Mariátegui sufrió un accidente que dañó su rodilla izquierda y, aunque fue tratado en la Maisón de Santé de Lima, perteneciente a la Beneficencia Francesa, finalmente quedó cojo, lo que le obligó a abandonar sus estudios escolares. Durante su convalecencia inició su formación autodidacta con su madre y su hermana mayor.
Para contribuir al sostén de la familia entró a trabajar en el diario La Prensa como ayudante en los talleres de linotipia y fue ascendiendo lentamente dentro del periódico. Su deseo de incorporarse al grupo de redactores lo motivó a publicar en 1911 un artículo sin autorización, pero a principios de 1914, tras un duro período de aprendizaje periodístico, comenzó a escribir regularmente como redactor con el seudónimo de Juan Croniqueur. Más adelante colaboraría en diferentes revistas sociales e hípicas como Mundo Limeño, Lulú, El Turf, Vesperal y Alma Latina.
Su amistad con Abraham Valdelomar le permitió entrar a formar parte del entorno del grupo Colónida. Además de sus crónicas periodísticas, escribió cuentos, poemas y dos obras teatrales, tituladas Las Tapadas y La Mariscala, escritas en colaboración con Julio de la Paz y Abraham Valdelomar, respectivamente, que no recibieron buenos comentarios de la crítica.
A mediados de 1916 pasó al diario El Tiempo para realizar la crónica parlamentaria, lo cual le permitió conocer la política de su época desde dentro. Sin embargo, mantuvo algunas de sus actitudes decadentistas, las cuales motivarían un escándalo en noviembre de 1917, cuando, acompañado de la bailarina suizo-argentina Norka Rouskaya y de un grupo de escritores, se introdujeron a medianoche en el cementerio de Lima para ver danzar a la bailarina la Marcha Fúnebre de Chopin.
Durante 1918, bajo la influencia de la revolución rusa, la prédica del presidente norteamericano Wilson, la revista España de Luis Araquistain y de las ideas de Víctor Maúrtua, Mariátegui se adhiere al socialismo y lanza la revista Nuestra Época, dirigida por él mismo y por César Falcón, de la que sólo vieron la luz dos números, debido a la publicación de un artículo antimilitarista que motivó un ataque callejero a un grupo de oficiales. Junto a otros intelectuales y algunos obreros, fundó el Comité de Propaganda y Organización Socialista, que tuvo muy corta vida debido a divergencias internas. Por el mismo motivo abandonó diario El Tiempo a principios de 1919 y fundó La Razón. Codirigido con César Falcón, dicho periódico apoyó la lucha obrera y la reforma universitaria.
Tras el golpe de Augusto B. Leguía, el 4 de julio de 1919, su línea periodística fue de radical oposición al régimen, motivo por el cual la Imprenta Arzobispal se negó a continuar editando el diario. En este estado de cosas, el gobierno de Leguía ofreció becas para viajar a Europa, así que Mariátegui partió hacia Italia y César Falcón hacia España.
En Europa se quedaría Mariátegui hasta principios de 1923, en un periplo en el que recorrió Italia, Francia, Alemania, Austria, Hungría y Checoslovaquia, aprendió varios idiomas y consolidó su formación política e ideológica, adhiriéndose al marxismo y a la línea de la Tercera Internacional o Comintern. Participó como testigo en importantes eventos como el Congreso del Partido Socialista Italiano en Livorno, el Congreso Económico Mundial auspiciado por la Sociedad de las Naciones, y las huelgas obreras en el norte de Italia. Fue también testigo de excepción de las consecuencias de la Gran Guerra europea: la situación alemana, el problema de las reparaciones, la derrota del gobierno soviético húngaro y el ascenso del fascismo italiano. Sus impresiones fueron publicados por el diario El Tiempo bajo el epígrafe general de "Cartas de Italia".
En Europa, junto con los peruanos Carlos Roe, Palmiro Machiavelo y César Falcón, fundó la primera Célula Comunista peruana, que intentaba impulsar la organización independiente de los obreros peruanos. En 1920 se casó con Anna Chiappe. En marzo de 1923 regresó al Perú y se incorporó a las Universidades Populares Gonzales Prada, en donde inició una campaña de difusión de las nuevas tendencias políticas europeas y de adhesión a la revolución bolchevique de Rusia, a través de un ciclo de conferencias titulada Historia de la Crisis Mundial. Para poder sostenerse inició sus colaboraciones en la revista Variedades, publicando artículos sobre temas europeos bajo el epígrafe general de "Figuras y Aspectos de la Vida Mundial".
Cuando Haya de la Torre fue deportado como consecuencia de las protestas del 23 mayo de 1923 contra la Consagración del Perú al Corazón de Jesús, Mariátegui asumió la dirección de la revista Claridad, dándole una nueva orientación, e impulsó la creación de la Editorial Obrera Claridad con el fin de publicar y difundir las nuevas ideas. Todas estas actividades se vieron afectadas en mayo de 1924 por una crisis de su enfermedad infantil que le obligó a la amputación de su pierna derecha, condenándolo a usar una silla de ruedas por el resto de su vida.
A pesar de ello, Mariátegui reanudó sus colaboraciones en Variedades y en la revista Mundial, bajo el epígrafe general de "Peruanicemos al Perú". En octubre de 1925 funda con su hermano Julio César la Editorial Minerva y publica su primer libro: La Escena Contemporánea. A principios de 1926 se adhiere a la organización de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) impulsada por Haya de la Torre y definida como un frente único de obreros manuales e intelectuales.
En setiembre de 1926 fundó la revista Amauta. Considerada la más importante y paradigmática del siglo XX, en sus páginas se publicaron importantes trabajos de la nueva generación intelectual. Además de las nuevas corrientes intelectuales, políticas, artísticas y literarias de Europa, Amauta fue expresión de las dos tendencias más importantes del Perú de los años 20: el indigenismo y la vanguardia. En junio de 1927, la revista Amauta fue clausurada por la supuesta existencia de un "complot comunista" para derrocar al gobierno de Leguía. Apresado en el hospital militar de San Bartolomé, una campaña internacional abogó por su libertad. Aunque liberado, la revista Amauta tardaría en aparecer, por lo que Mariátegui estudiaba la posibilidad de trasladarse a Buenos Aires o a Montevideo.
En abril de 1928 se produjo la ruptura entre Mariátegui y Haya de la Torre por las discrepancias con respecto a la organización de la APRA. Mariátegui denunció la ruptura unilateral de la política de frente único por la de partido único, y la práctica política basada en "el bluff y la mentira" propia de la política civilista. En este contexto, Mariátegui tomó contacto con la Secretaría Sindical de la Tercera Internacional y envió delegados al IV Congreso de la Sindical Roja o Profintern en Moscú y al Congreso de los Países Orientales en Bakú. Con ello se iniciaron los vínculos de Mariátegui y sus colaboradores con la Tercera Internacional.
Acorde con la nueva situación, la revista Amauta se define socialista en setiembre de 1928. Semanas después, el 8 de octubre se funda el Partido Socialista y Mariátegui es elegido Secretario General. El nombre del partido no estaba acorde con los requisitos solicitados por la Tercera Internacional para ser reconocidos como su sección peruana, lo cual dio lugar a una serie de presiones para cambiar dicho nombre por el de Partido Comunista. A fines de 1928 publica sus Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana, uno de los libros más lúcidos escritos sobre los problemas del Perú. La alternativa planteada por Mariátegui se basa en una interpretación marxista de la realidad peruana, aunque heterodoxa dentro del dogma comunista de la época.
Inició además, a través de la edición del quincenario Labor, que apareció en noviembre de 1928, una campaña pro fundación de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), cuyo Comité Organizador se creó en mayo de 1929. Al mismo tiempo envió delegados al Congreso Constituyente de la Confederación Sindical Latinoamericana de Montevideo y a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana de Buenos Aires. Allí se manifestaron abiertamente las discrepancias entre las tesis peruanas y las del Buró Sudamericano de la Tercera Internacional. Sin embargo, Mariátegui fue elegido miembro del Consejo General de la Liga Antimperialista, organismo impulsada por la Tercera Internacional.
En setiembre de 1929 la casa de Mariátegui fue allanada nuevamente, esta vez tras la denuncia de un supuesto "complot judío". El quincenario Labor fue clausurado y ya no aparecería más. Mariátegui decidió entonces viajar a Buenos Aires. Buscó el apoyo del escritor argentino Samuel Glusberg y del peruano Luis Alberto Sánchez, que en ese entonces se hallaba en Chile. Propició el ingreso de Eudocio Ravines, exiliado peruano en Europa, para que se ocupase de la Secretaría General del Partido Socialista.
En febrero de 1930 Eudocio Ravines asume la Secretaría General y Mariátegui finaliza su viaje a Buenos Aires. Pero a fines de marzo una recaída de su vieja dolencia infantil obligó a internarlo en la Clínica Villarán, donde falleció el 16 de abril. Muerto Mariátegui y bajo recomendación del Buró Sudamericano de la Tercera Internacional, el 20 de mayo se cambió el nombre del Partido Socialista por el de Partido Comunista.
El pensamiento de José Carlos Mariátegui
Hasta 1919, fecha en que volvió al Perú después de permanecer tres años en Europa, duró lo que él llamó su "edad de piedra" para referirse a la evolución de su pensamiento. De regreso a Lima, inició la ya relatada campaña de proselitismo ideológico, hasta declararse "marxista convicto y confeso": en esa época fundaría la Confederación General de Trabajadores y el Partido Socialista.
Un hito fundamental de su trayectoria fue la fundación de la famosa revista Amauta (1926-1930), que contribuyó a difundir no sólo el ideario socialista, sino también las principales manifestaciones de la vanguardia, y que propició la discusión de los problemas más sensibles del Perú de entonces, como la cuestión indigenista, en la que tomó partido concibiendo el indigenismo dentro de un contexto más amplio, alejándose de la ortodoxia de considerar a este movimiento la única vía posible de expresión para el arte y la literatura peruana.
Sus ideas en esta etapa tienen dos claros referentes doctrinarios: el materialismo histórico y el socialismo marxista; con ellos, articuló de manera sólida y coherente una visión del Perú que hasta hoy sigue siendo referencia obligada. En ese sentido, uno de sus libros más difundidos, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana(1928), representa un auténtico paradigma de análisis político, social y cultural, y coloca a Mariátegui como iniciador del ensayo como materia y estructura en la literatura nacional.
En el primer ensayo de los contenidos en dicha obra, se estudia brevemente la evolución de la economía peruana, subrayando la influencia negativa que para el desarrollo de la economía capitalista en el Perú ejerce el régimen feudal imperante. En el segundo se ocupa del problema del indio y propugna un nuevo planteamiento que lo vincule al de la propiedad de la tierra. El régimen de propiedad agraria es el tema del tercer ensayo. En él se hace un profundo y minucioso examen de la situación de la economía agrícola en las diversas regiones del Perú y de los problemas jurídicos y sociales ligados a ella. El cuarto, titulado "El Proceso de la Instrucción Pública", constituye una contribución al análisis de los problemas que plantea la educación peruana, desde la perspectiva del socialismo.
El quinto de los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruanaestudia la función que la religión ha tenido en la vida peruana. En el sexto, titulado "Regionalismo y Centralismo", el autor toma posición en el debate entre los defensores de la organización central y los federalistas. Frente a ellos, defiende un nuevo regionalismo, opuesto tanto al centralismo que olvida los intereses de las provincias, cuanto al regionalismo de cepa feudal. En el séptimo y último ensayo se hace una revisión del proceso de la literatura peruana. Mariátegui señala la dependencia de ésta respecto a la organización económica del Perú en sus diversas etapas históricas y destaca, como rasgos característicos de la literatura de la época, la liberación del espíritu colonial, la tendencia creciente a aproximarse a la vida nacional y la influencia del espíritu cosmopolita.
Su posición marxista decidida y apasionada lo llevó con frecuencia a la polémica, y fruto de ella fue su trabajo titulado Defensa del marxismo, frente a la posición revisionista del político y teórico belga Henri de Man. Cabe anotar un rasgo peculiar de su pensamiento marxista, al que él consideraba no calco ni copia, sino "creación heroica": su heterodoxia, especialmente en el terreno del análisis literario.

En efecto, Mariátegui rebasó las fronteras del historicismo positivista y los límites que imponía el marxismo al arte, y al mismo tiempo concibió la literatura como un fenómeno estético, histórico y social. Asimismo, es valiosa su periodización de la literatura peruana en tres fases: colonial, cosmopolita y nacional. Fue por tanto un agudo crítico de la cultura de su tiempo y mantuvo siempre una sensibilidad despierta y entusiasta ante las nuevas formas artísticas surgidas entre las décadas de 1920 y 1930. Su prematura muerte truncó su obra.

COMANDANTE CHE GUEVARA. BIOGRAFIA.

Che Guevara [Ernesto Guevara]

(Rosario, Argentina, 1928 - Higueras, Bolivia, 1967) Revolucionario iberoamericano. Junto con Fidel Castro, a cuyo movimiento se unió en 1956, fue uno de los principales artífices del triunfo de la revolución cubana (1959). Desempeñó luego cargos de gran relevancia en el nuevo régimen, pero, insatisfecho con la inoperancia de los despachos y fiel a su propósito de extender la revolución a otros países de Latinoamérica, en 1966 retomó su actividad guerrillera en Bolivia, donde sería capturado y ejecutado un año después.

Ernesto Che Guevara
Entregada así su vida en la lucha contra el imperialismo y la dictadura, el Che Guevara se convirtió en el máximo mito revolucionario del siglo XX. Fue de inmediato un icono de la juventud del Mayo del 68, y su figura ha quedado como símbolo atemporal de unos ideales de libertad y justicia que, como los héroes de antaño, juzgó más valiosos que la propia vida. Todavía en nuestros días se exhibe con frecuencia, en las acciones contestatarias, aquel perfil suyo basado en la célebre fotografía de Alberto Korda.
Biografía
Ernesto Che Guevara nació en una familia acomodada de Argentina, en donde estudió medicina. Su militancia izquierdista le llevó a participar en la oposición contra Juan Domingo Perón; desde 1953 viajó por Perú, Ecuador, Venezuela y Guatemala, descubriendo la miseria dominante entre las masas de Hispanoamérica y la omnipresencia del imperialismo norteamericano en la región, y participando en múltiples movimientos contestatarios, experiencias que le inclinaron definitivamente a la ideología marxista.
En 1955 Ernesto Che Guevara conoció en México a Fidel Castro y a su hermano Raúl Castro, que preparaban una expedición revolucionaria a Cuba. Guevara trabó amistad con los Castro, se unió al grupo como médico y desembarcó con ellos en Cuba en 1956. Instalada la guerrilla en Sierra Maestra, Guevara se convirtió en lugarteniente de Fidel y mandó una de las dos columnas que salieron de las montañas orientales hacia el oeste para conquistar la isla. Participó en la decisiva batalla por la toma de Santa Clara (1958) y finalmente entró en La Habana en 1959, poniendo fin a la dictadura de Fulgencio Batista.

El Che con Fidel Castro
El triunfo de la revolución, llevada a cabo con escasos medios, se vio facilitado por la insostenible situación del país en aquellos años. Pese a registrar la más alta renta per cápita de América Latina, la riqueza se concentraba en pocas manos; este fortísimo desequilibrio social se repetía en los marcados contrastes entre el campo y la ciudad. En el plano político, la corrupción, los mecanismos clientelares y la inoperancia se habían acentuado hasta límites insospechados bajo el régimen despótico y autoritario de Fulgencio Batista; su gobierno logró hacer coincidir en su contra a los sectores más dispares de opinión e intereses. La economía cubana, en extremo condicionada por la presencia de Estados Unidos, se basaba en el turismo en las áreas urbanas y en una agricultura de carácter capitalista que había generado un numeroso proletariado rural, determinante en el proceso revolucionario.
De la revolución a la política
El nuevo régimen revolucionario concedió a Guevara la nacionalidad cubana y le nombró jefe de la Milicia y director del Instituto de Reforma Agraria (1959), luego presidente del Banco Nacional y ministro de Economía (1960), y, finalmente, ministro de Industria (1961). En aquellos años, Guevara representó a Cuba en varios foros internacionales, en los que denunció frontalmente el imperialismo norteamericano. En un viaje alrededor del mundo se entrevistó con Gamal Abdel Nasser, Jawaharlal Nehru, Sukarno y Josip Broz Tito(1959); en otro viaje conoció a diversos dirigentes soviéticos y a los chinos Chu En-Lai y a MaoTse-Tung.
En la tarea de la construcción en Cuba de una nueva sociedad, y especialmente en el campo de la economía, el Che Guevara fue uno de los más incansables colaboradores de Fidel Castro. En la polémica económica que tuvo lugar en los inicios del nuevo régimen se decantó por una interpretación original, creativa y no burocrática ni institucionalizada de los principios marxistas. Buscando un camino para la independencia real de Cuba, se esforzó por la industrialización del país, ligándolo a la ayuda de la Unión Soviética, una vez fracasado el intento de invasión de la isla por Estados Unidos y clarificado el carácter socialista de la revolución cubana (1961).
Fragmento de un discurso de Guevara ante la ONU 
(Nueva York, 11 de diciembre de 1964)
Su inquietud de revolucionario profesional, sin embargo, le hizo abandonar Cuba en secreto en 1965 y marchar al Congo, donde luchó en apoyo del movimiento revolucionario en marcha, convencido de que sólo la acción insurreccional armada era eficaz contra el imperialismo.
En Bolivia
Relevado ya de sus cargos en el Estado cubano, el Che Guevara volvió a Iberoamérica en 1966 para lanzar una revolución que esperaba que fuese de ámbito continental: valorando la posición estratégica de Bolivia, eligió aquel país como centro de operaciones para instalar una guerrilla que pudiera irradiar su influencia hacia Argentina, Chile, Perú, Brasil y Paraguay. Al frente de un pequeño grupo intentó poner en práctica su teoría, según la cual no era necesario esperar a que las condiciones sociales produjeran una insurrección popular, sino que podía ser la propia acción armada la que creara las condiciones para que se desencadenara un movimiento revolucionario; tales ideas quedaron recogidas en su libro La guerra de guerrillas (1960).

El Che, mito revolucionario
Sin embargo, su acción no prendió en las masas bolivianas. Desde un principio su grupo, bautizado como Ejército de Liberación Nacional y compuesto por veteranos cubanos de Sierra Maestra y algunos comunistas bolivianos, se encontró con la falta de apoyo de los campesinos, ajenos por completo al movimiento. Sin ningún respaldo popular en el mundo rural, y sin apoyo en las grandes ciudades por el rechazo de las organizaciones políticas comunistas, las posibilidades de éxito menguaron drásticamente.
Aislado en una región selvática en donde padeció la agudización de su dolencia asmática, Ernesto Guevara fue delatado por campesinos locales y cayó en una emboscada del ejército boliviano en la región de Valle Grande, donde fue herido y apresado el 8 de octubre de 1967. Dado que el Che se había convertido ya en un símbolo para los jóvenes de todo el mundo, los militares bolivianos, aconsejados por la CIA, quisieron destruir el mito revolucionario, asesinándole para después exponer su cadáver, fotografiarse con él y enterrarlo en secreto. En 1997 los restos del Che Guevara fueron localizados, exhumados y trasladados a Cuba, donde fueron enterrados con todos los honores por el régimen de Fidel Castro.